Test con foto.

En la última edición de JAZZMADRID, la de 2016, ya se hizo obvio que ninguna programación musical con claro protagonismo jazzístico podía sustraerse a la influencia que, sobre el género afroamericano, han venido ejerciendo en las últimas décadas las diferentes músicas populares del mundo; una forma específica de penetración estética que encuentra razón de ser buscando enfoques alternativos para el acoplamiento entre el swing y la variada geografía sonora de la música popular. Este año, esa conexión es todavía más evidente.

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En algunos casos -como en los del laudista tunecino Anouar Brahem, la pianista griega Tania Giannouli o el vibrafonista etíope Mulatu Astatke-, esa relación se convierte, de hecho, en estrecho vínculo. Y, junto a ellos, un año más se ha impuesto prestar atención especial a la producción local de nuestros músicos, dando, incluso, un paso más allá y llevando a escenarios de mayor aforo, como el del teatro Fernán Gómez, propuestas tan asentadas como las del pianista Moisés P. Sánchez, el trompetista David Pastor o el saxofonista Jorge Pardo. A este último, por su veteranía, por la valía de sus entregas, se le rinden sendos homenajes como titular al frente del proyecto Djinn, y como componente del histórico trío que completan Carles Benavent y Tino Di Geraldo. Este apartado local lo completan el Cuarteto Europa de Baldo Martínez; el quinteto de Guillermo McGill, el cuarteto de Pedro Iturralde, el proyecto Perico Sambeat Plays Zappa, y la marching band Nola Brass Band.